viernes, 17 de abril de 2026

Cómo funciona el cerebro de una persona mentirosa.


 Mientras que para la verdad necesitamos valor, para la mentira hace falta memoria. 

Mentir es un acto consciente, intencional y a menudo aprendido que implica alterar la verdad comunicando información a sabiendas de que es falsa, con el propósito de manipular a otra u otras personas. En otras ocasiones, la mentira tiene la función de proteger o evitar consecuencias desagradables, siendo considerado un comportamiento social y psicológico arraigado. En todos los casos, suele generar consecuencias negativas como estrés, ruptura de la confianza, y en contextos legales, sanciones graves.

Mentir es tan antiguo como la propia humanidad. Hoy sabemos que la mentira aparece en la vida de un ser humano entre los 3 y los 5 años, y es vivido simplemente como un entretenido juego. Su evolución respecto del lenguaje y del pensamiento interaccionando socialmente mueva a los niños a pensar en algo que no es cierto y expresarlo. Esto no es un problema, salvo que decir mentiras se convierta en una conducta repetitiva. En esos casos la repetición del engaño genera una insensibilidad a las emociones negativas en el cerebro, lo que promueve una escalada de falsedades.

Las áreas cerebrales involucradas en la mentira.

La mentira es un proceso complejo que involucra mecanismo cerebrales y factores psicológicos. Distintos estudios de neuroimagen han revelado que hay ciertas áreas cerebrales que se activan de forma diferente cuando alguien miente en comparación con cuando dice la verdad. Áreas como la corteza prefrontal dorsolateral participan en la planificación y en la elaboración de una mentira. El cíngulo anterior se encarga de detectar los errores, mientras que el hipocampo, fundamental para la memoria y la verdad, se inhibe ante la mentira dando paso a una información alternativa. La ínsula, que procesa las emociones y los miedos, se conecta con la amígdala, que es el principal núcleo de control de las emociones y que se activa cada vez que mentimos para conseguir un beneficio.

Se ha descubierto, que la respuesta de la amígdala ante una mentira, disminuye con cada engaño, incluso aunque la mentira se magnifique. Es decir, cuando alguien miente repetidamente, acaba por dejar de responder emocionalmente a sus propias falsedades. La ausencia de sentimientos como la vergüenza o la culpa al mentir hacen que la mentira se convierta en un recurso habitual. Con el tiempo y la mentira como forma de responder ante las eventualidades o adversidades de la vida, el cerebro de un mentiroso funciona de forma diferente, la mente se vuelve astuta para la mentira. En cierto sentido, el cerebro de una persona mentirosa acaba por adaptarse y naturalizar la deshonestidad.

El lenguaje cerebral de la mentira.

Quien miente necesita dos cosas, buena memoria y frialdad emocional, esta necesidad lleva a que el cerero tenga que trabajar de modo diferente cuando miente. Cuando la mentira se vuelve algo frecuente en la vida de una persona, el cerebro genera muchas más conexiones neuronales para generar la velocidad de asociación que evite ser descubiertos en la mentira. Para conseguirlo pone en marcha una mayor descarga o inhibición de la química cerebral. 


A medida que nos volvemos más mentirosos o mentirosas, nuestra amígdala adormece su reacción de regulación emocional, por lo que la conducta deshonesta cada vez nos genera menos sentimientos de culpa y mintamos casi de memoria. Para ello, en el acto de mentir se involucran diferentes neurotransmisores cerebrales.

Cuando se miente se produce una mayor segregación de dopamina en áreas cerebrales relacionadas con la motivación y el placer, que impulsa la conducta en busca de benéficos personales a través de la mentira. Por el contrario, la serotonina, un mensajero químico que regula el estado de ánimo y la impulsividad disminuye, lo que aumenta la probabilidad de que se mienta sin tener en cuenta las consecuencias de la mentira. Otros neurotransmisores como el glutamato (excitador) potencia la planificación, el control cognitivo y la memora necesarios para sostener el engaño, mientras que la disminución de GABA facilita la desinhibición y el comportamiento deshonesto.

¿Se puede detectar una mentira?

Destapar una mentira no es algo fácil, más bien al contrario, particularmente si la persona que miente tiene buena memoria, es decir, que su hipocampo, estructura clave para la memoria, tenga una mayor capacidad para recuperar información falsa o manipular recuerdos reales. En los grandes mentirosos existe una conexión operativa significativa entre el hipocampo, la corteza prefrontal (planificación) y la amígala (emoción) para crear historias ficticias.

Una vez dicha una mentira, es el cerebro de la víctima de la mentira, el que se pone en marcha para discernir si la información que está recibiendo es auténtica y veraz o no. Aunque es un proceso complejo, es rápido y automático, involucra a una serie de áreas cerebrales y funciones cognitivas que trabajan como si se tratara de un sistema de contraespionaje.

Este sistema detecta antes que nada las incongruencias en la narrativa de quien nos está mintiendo (aunque no sepamos que nos miente), busca si la información que se recibe se ajusta a lo que ya se sabe o conoce, a la propia experiencia y a los estilos de vida y modelos de mundo. Es decir, si hay algo que no encaja, activándose con ello la primera señal de alerta. El sistema analiza también el lenguaje, las palabras elegidas, el tono de voz, la fluidez del discurso y el lenguaje no verbal, en especial la atención a las expresiones faciales.

El análisis de todas estas observaciones lleva a que adoptemos una decisión sobre la veracidad de la información que recibimos, una decisión que tomamos de manera consciente cuando la evidencia de embuste es palmaria, o de manera inconsciente cuando percibimos la mentira. Este proceso, ya lo sabemos, no es perfecto. Podemos ser engañados por mentiras bien elaboradas, o por personas con habilidades para las mentiras muy bien entrenadas, nos pasa a diario.

Efectos del abuso del móvil (celular) en la autoestima.

 



Autoestima y uso del móvil en la era digital.

En apenas una década, el uso del teléfono móvil (celular o smartphone), ha pasado de ser una herramienta funcional a ser imprescindible en la vida diaria de todos nosotros. Este uso deriva con demasiada frecuencia en abuso, por lo que las oportunidades de conexión que nos ofrecen estos artilugios, están generando un nuevo escenario de perturbación de la salud mental, teniendo un impacto negativo sobre la autoestima.

Son numerosas las investigaciones en neurociencia y psicología que demuestran que el uso excesivo o inadecuado del smartphone es capaz de deteriorar la autovaloración personal. Estos efectos no siempre son visibles y a veces pasan desapercibidos, sin embargo modifican de forma silenciosa cómo nos percibimos y nos evaluamos. Comprender los mecanismos psicológicos que intervienen es clave para prevenir un daño prolongado y mantener una autoestima saludable.

Autoestima y autoconcepto: la base del impacto digital.

La autoestima es la valoración subjetiva de nuestro propio valor, por lo que está intrínsecamente vinculada al autoconcepto, esto es, al conjunto de creencias y percepciones que tenemos de nosotros mismos. Esta valoración se construye a partir de las experiencias personales, las metas alcanzadas, los errores superados y los valores adquiridos, así como por la interpretación de las reacciones a los eventos externos.

El impacto negativo del abuso de la tecnología móvil sobre la autoestima y el autoconcepto, viene determinado por la necesidad de comparación y de validación externa del entorno digital y las redes sociales, que ponen en juego constantemente la autoimagen de una persona con dificultades para controlar el uso excesivo del dispositivo móvil. Este abuso está cada vez más determinado por la necesidad de ser o parecer y en cómo nos sentimos en realidad con nosotras y nosotros mismos.

Comparación social constante en redes y baja autoestima.

La comparación social ha sido, históricamente, una de las causas que han percutido más negativamente en la autoestima de una persona, generando problemas psicológicos de diferente índole y gravedad, desde episodios de ansiedad hasta depresión mayor. El uso de las redes sociales multiplican esta necesidad patológica de comparación, especialmente de forma ascendente, es decir, con aquellas realidades o personas que parecen más felices o exitosas en sus perfiles, a pesar de que, probablemente, estas comparaciones se basan en imágenes y contenidos editados o filtrados, lo que genera expectativas irreales. La exposición repetida a este tipo de estímulos provoca insatisfacción y erosiona nuestra autopercepción. Asi, el uso excesivo del móvil, puede convertirse en un factor de riesgo de deterioro para la autoestima.

La trampa de la validación externa en el móvil.

La conocida como dictadura del "like" hace referencia a la generación de dependencia emocional que generan las aplicaciones para móviles y las redes sociales. Las expectativas que generan, las comparaciones que propician, las reacciones y comentarios que provocan funcionan como un sistema de refuerzo intermitente en búsqueda de señales de aprobación. Este hábito, se convierte en una necesidad que lleva a la persona a revisar su dispositivo de manera compulsiva, generando una verdadera adicción

Cuando nuestra autoevaluación depende de la validación de otras personas, el equilibrio emocional se reciente, nos volvemos más frágiles y vulnerables a las opiniones ajenas. Cuando esto ocurre, la autoestima de la persona deja de depender de sus logros, de su experiencia personal interna, quedando supeditada a un entorno digital volátil que está fuera de su control.

Distorsión de la autoimagen: entre filtros y expectativas.

La distorsión de la imagen personal es uno de los efectos más perniciosos que provoca el abuso de la telefonía móvil en la persona. Especialmente, el actual abuso de filtros y edición de las fotografías que se publican, pueden acabar por generar una brecha importante entre la imagen real de la persona y su imagen digitalizada, provocando situaciones límites de inseguridad y autocritica excesiva, a veces destructiva.

La consecuencia psicológica más habitual provocada por la distorsión de la imagen, tiene que ver con la pérdida de la confianza persona y, en más casos de los que cabría pensar, en una deriva psicopatológica relacionada con trastornos mentales provocados por esa percepción perturbada de la imagen corporal. Esto suele ser más habitual en adolescentes y jóvenes. La autoestima digital se convierte así en un indicador clave de la salud psicológica.

Saturación cognitiva y desconexión emocional.

El abuso de la tecnología de los móviles puede llegar a generar un estado de fatiga mental preocupante causado por varios factores, como la multitarea digital que fragmenta la atención, atender a las notificaciones constantemente o la sobreexposición a la información. Cuando esto ocurre, se produce saturación cognitiva; la simple presencia del dispositivo agota recursos cerebrales incluso cuando no se está usando activamente. Las consecuencias incluyen dificultad para enfocarse, niebla cognitiva y reducción de la eficiencia cognitiva.

Investigaciones recientes han demostrado que cuando nos centramos más en documentar una experiencia en redes sociales que en vivirla, la conexión emocional con el momento se resiente, debilitándose. Esto afecta directamente a nuestra autoevaluación, propiciando creencias negativas sobre nuestra realidad.

Consecuencias psicológicas del abuso del móvil.

El impacto sobre la salud mental del abuso y la adicción al móvil y redes sociales es directo. Sabemos que el uso intensivo de las redes sociales se asocia con menor autoestima, mayor insatisfacción corporal. Pero, además, a corto plazo presenta sintomatología relacionada con el estrés, la ansiedad, el insomnio y las dificultades para concentrarse. A largo plazo, las psicopatologías que provocan son severas, como la depresión, el aislamiento social y las conductas de irritabilidad con gran dificultad para la gestión de las emociones. La baja autoestima se vuelve crónica. Este es un problema real y creciente en la práctica clínica.


miércoles, 3 de julio de 2024

Más allá de la timidez: el Trastorno de Ansiedad Social

 


Los temores a ser juzgados, la inseguridad en nosotras o nosotros mismos en las situaciones cotidianas, en las interacciones sociales diarias o evitar conocer gente nueva por sentir temor o ansiedad, son algunas de las situaciones emocionales que sentimos cuando sufrimos de ansiedad social

El trastorno de ansiedad social en un temor intenso y persistente a ser observado y juzgado por los demás. Este miedo tiene incidencia en todos los ámbitos de la vida de una persona. Es un trastorno que puede resultar muy limitante, la buena noticia es que se puede tratar.

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Social?

Lo acabo de apuntar. Una persona con trastorno de ansiedad social siente síntomas de ansiedad o temor en situaciones en las que otras personas pueden estar analizándolos, evaluándolos o juzgandolos, como al hablar en público, conocer gente nueva, salir con alguien en una cita, asistir a una entrevista de trabajo, responder preguntas, etc. Hacer cosas rutinarias,como comer o beber  frente a otras personas o hacer uso de un baño público, también generan temor por ser humillado, juzgado o rechazado.

El temor de las personas con trastorno de ansiedad social puede transitar desde lo moderado hasta una intensidad que hace que la persona piense que está fuera de su control. . Para algunas personas, esta angustia puede ser un obstáculo para ir al trabajo, asistir a la escuela o hacer otras cosas rutinarias. Otras personas tal vez sean capaces de realizar estas actividades, pero sienten mucho temor o ansiedad cuando las hacen. Las personas con trastorno de ansiedad social pueden preocuparse por tener que participar en alguna situación social por semanas antes de que se lleve a cabo. A veces, terminan por evitar ir a lugares o eventos que les causan angustia o les generan sentimientos de vergüenza.

Algunas personas con este trastorno no tienen ansiedad relacionada con las interacciones sociales, sino que la tienen cuando deben realizar algo delante de otros. Sienten síntomas de ansiedad en situaciones como cuando deben dar un discurso, competir en un juego deportivo o tocar un instrumento musical en el escenario.

Por lo general, el trastorno de ansiedad social comienza durante la infancia tardía y puede parecer que la persona tiene una timidez extrema o que evita situaciones o interacciones sociales. El trastorno ocurre con más frecuencia en mujeres que en hombres y esta diferencia de género es más pronunciada en adolescentes y adultos jóvenes. Sin tratamiento, el trastorno de ansiedad social puede durar muchos años o incluso toda la vida.

¿Cuáles son las señales y los síntomas del Trastorno de Ansiedad Social?

Cuando están rodeadas de otras personas o cuando tienen que actuar frente al alguien, las personas con ansiedad social pueden:
  • Enrojecerse, sudar las manos o temblar.
  • Tener latidos rápidos del corazón.
  • Sentir que la "mente se pone en blanco" o tener malestares digestivos.
  • Mostrar una postura corporal rígida o hablar con una voz sumamente baja.
  • Tener dificultad para el contacto visual, estar o  hablar con personas que no se conocen en situaciones sociales por más que quiera hacerlo.
  • Sentir inseguridad frente a otras personas o temer que te juzguen negativamente.
  • Evitar los lugares donde hay otras personas.

¿Qué causa el Trastorno de Ansiedad Social?

El riegos del trastorno de ansiedad social tiene una vertiente hereditaria, pero nadie sabe con seguridad porqué algunos miembros de la familia lo experimentan y otros no. Sabemos, qu3e varias partes del cerebro desempeñan un papel importante en el temor y la ansiedad, y que la genética influye en la forma en que funcionan esas áreas cerebrales. No obstante, el detonante de que este riesgo se materialice o que el trastorno sea adquirido por la experiencia vital de la persona, están relacionados con las situaciones de estrés y otros factores ambientales.

¿Como se trata el Trastorno de Ansiedad Social?

Por lo general, la forma más eficaz de abordar el Trastorno de Ansiedad Social es la psicoterapia, y concretamente el abordaje Cognitivo-conductual, con apoyo de técnicas de Terapias de Tercera Generación y, en determinados casos, con la incorporación al tratamiento de hipnosis clínica o hipnoanálisis. Cuando el trastorno cursa con sintomatología ansioso-depresiva, inicialmente puede se de utilidad  la combinación de la psicoterapia con tratamiento farmacológico.

La psicoterapia ( a veces llamada terapia del diálogo, aunque personalmente yo le añado " y de las tareas para hacerse responsables de sí mismos) enseña a la persona que padece este trastorno diferentes formas de pensar y cambios que, muchas veces afectas a cómo pensamos o interpretamos la realidad. La terapia cognitivo-conductual también ayuda a aprender y practicar habilidades sociales, las cuales son muy importantes para tratar el Trastorno de Ansiedad Social.

Las técnicas de exposición, por ejemplo, son métodos estratégicos que se centran en confrontar progresivamente los temores subyacentes de este trastorno. Los ejercicios de relajación son, igualmente de gran utilidad para abordar este problema.





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viernes, 28 de junio de 2024

Dejar de mentir: síntomas, causas y tratamiento de la mitomanía

 


Quien más o quien menos miente de vez en cuando. Mentimos para resultar personas interesantes, competentes e incluso atractivas. Sabías que, la primera vez que conocemos a alguien, y particularmente si esa persona nos resulta agradable o nos atrae, decimos entre dos y tres mentiras, quizás no muy importantes, pero que añaden algún matiz que tiene por finalidad llamar la atención de esa persona. Pero no todas o todos mentimos igual, hay quien miente de manera compulsiva. Personas a las que las mentiras se le escapan por la boca y no pueden evitarlo. En muchos de estos casos nos encontramos ante un trastorno psicológico conocido como mitomanía.

Usualmente, quien padece de mitomanía miente con la finalidad de obtener admiración, evitar un castigo, justificar un incumplimiento,obtener réditos personales en base al engaño, o, sencillamente porque no lo puede evitar.. Si has visto la película "Mentiroso compulsivo" protagonizada por Jim Carrey, que interpreta a un abogado que miente en casi cada frase que dice, te puedes hacer, a través de esta caricatura, una idea bastante aproximada a lo que es un mitómano. No obstante te defino a continuación este problemático constructo.

¿Qué es la mitomanía?

Se trata de un trastorno psicológico importante, disruptivo, que hay que tomarse muy en serio. Conocida también como pseudología fantástica o mentira patológica, ola mitomanía consiste en la práctica de una conducta repetitiva del acto de mentir. Es, por consiguiente, una conducta adictiva. La persona mitómana no miente puntualmente, como pueden hacerlo otras personas en un momento dado para evitar una discusión o para no hacer daño. Quien padece de mitomanía suele acabar mintiendo porque sí. Se convierten en expertos en mentir y acaban por hacerlo con una naturalidad pasmosa. El embuste se convierte en una forma de vida. Por lo tanto, el significado de mitómano  engloba la mentira como una parte de la personalidad del individuo.
La mitomanía es un trastorno psicológico facticio, es decir, desarrollado en torno a una conciencia de lo artificial, de lo falso, de lo ficticio. El objetivo principal de la persona mentirosa es simplemente hacer que su realidad sea más llamativa o mejor de lo que es en la realidad. No es extraño encontrar rasgos narcisistas en la mitomanía, ya que es muy habitual que la persona que miente mucho y de manera completamente arbitraria busque la finalidad de quedar por encima de los demás.


¿El mitómano se cree su propia mentira?

No siempre. La mitomanía, como casi cualquier otro trastorno psicológico, tiene niveles o grados de gravedad. La mayoría de las personas que mienten compulsivamente saben en todo momento que están mintiendo, es consciente de que está narrando una realidad paralela falsa o falseada y, además se siente a gusto expresándose a través de las mentiras. Es en este sentido donde consideramos que la mentira puede pasar a ser un recuerdo "real". En los casos más graves de mitomanía puede aparecer el fenómeno de pseudología fantástica de los propios recuerdos. Este situación conlleva la formación de una historia de vida construida con muchas mentiras, que lo alejan de la verdad y generan un personaje ficticio.



¿Qué causa la mitomanía?

Este tipo de trastorno mentiroso compulsivo surge como una imposibilidad para aceptar la realidad, de manera que construye ese personaje que le hace sentir mejor. Buscan recibir más atención y admiración, pero, también, reducir la ansiedad frente a aspectos desagradables de su vida. Teniendo esto en cuenta, podemos indicar como causas principales de la mitomanía las siguientes.

  • Desequilibrio a nivel neurológico. Estudios de neuroimagen han revelado en personas mitómanas un incremento de materia blanca del cerebro y una disfunción hemitalámica derecha.
  • Anomalías del sistema nervioso. Como la presencia de epilepsia, traumatismo cranoencefálico o infecciones.
  • Factores psicológicos. Como la baja autoestima, la falta de habilidades sociales, la inseguridad y dificultades para aceptar la realidad. También los traumas psicológicos como consecuencias de abusos físicos y sexuales.
  • Factores biológicos. Neurotransmisores como la serotonina o la dopamina podrían actuar como detonantes de la mitomanía. Es decir, experimentan una sensación de riesgo que hace que se segregue más cantidad de esta sustancia y les haga sentirse bien.
  • Enfermedades mental. Como los trastornos psicóticos, esquizofrenias o trastorno bipolar,

Cómo tratar con una persona mitómana.

A pesar de que cuando estemos delante de una persona mentirosa podemos legar a percibirlo e incluso a identificarlo, la realidad es que no resulta fácil, especialmente si es alguien a quien conocemos poco. Cuando se trata de alguien cercano y conocemos de su problema psicopatológico, alguna de las siguientes consideraciones puede que te sean de utilidad, si en tu vida existe alguien así.

  • Aborda el problema.  La mejora manera de acabar con la influencia negativa de una persona mentirosa patológica es hacérselo saber y mostrarles la necesidad de corregir la conducta mitómana.
  • Aléjate. Es frecuente que no podamos ayudar a alguien que nos miente compulsivamente, ni que ésta persona quiera seguir terapia porque (otra mentira) considera que no tiene ningún problema. En estos caso, es mejora alejarse de la persona mentirosa e intentar evitarla para no salir perjudicados.
  • Mantén la calma. Con frecuencia un mitómano con sus mentiras puede dejarte en evidencia o hacerte pasar vergüenza; en estos casos es vital mantener la calma e intentar explicar tu posición al respecto, y alejarte.

Cómo dejar de mentir.

No es fácil, pero con práctica se puede construir la honestidad como un hábito. Para ello, se debe tomar conciencia de las siguientes cuestiones.

  • Identificar las razones por las cuales se miente y trabajar en solucionarlas.
  • Establecer objetivos razonables y reales por los cuales tengas motivación para abordar el impulso de mentir.
  • Considerar la honestidad como un valor parta tu vida diaria, y actuar en consecuencia.
  • Buscar ayuda profesional que te permita iniciar un camino terapéutico para solucionar esta patología psicológica.

Psicoterapia para la mitomanía.

Para afrontar terapéuticamente la mitomanía hace falta reeducar  la percepción de la realidad de la persona mentirosa. El tratamiento suele depender de si la mitomanía es parte de otro trastorno psicológico.

Consiste en reconstruir la vida a partir de la realidad y trabajar las habilidades y recursos de la persona para lograr se la persona que quiere ser, sin mentiras.

Consulta de psicoterapia




PU

miércoles, 22 de mayo de 2024

Superar el miedo a la muerte

 



La vida es ese periodo de tiempo en el cual disfrutamos de todas las experiencias sensoriales, cognitivas y conductuales de una existencia humana. Algunas de ellas son positivas y otras no, pero todas dejan en nosotros recuerdos, enseñanzas y aprendizajes, que quedan grabados en  nuestra memoria. Pero, la vida no es eterna, los humanos somos seres finitos que solemos vivir con la perenne incertidumbre de cuando llegará nuestra muerte.

Somos plenamente conscientes de que la muerte nos ocurrirá, este es un hecho que no tiene remedio y, siendo así, no debería causar pensamientos negativos. Sin embargo, el miedo a dejar este mundo es algo muy extendido, muy común que, lejos de mantenerse como un sencillo estado de preocupación,  algunas personas  pueden experimentar trastornos de angustia y ansiedad, que a veces se transforma en fobia cuando el miedo a la muerte es un pensamiento demasiado recurrente.

El miedo a la muerte.

El miedo a la muerte acompaña al humano desde siempre. Toda la historia humana está mediada por el miedo a morir. Cada persona, no obstante,  la observa de una manera diferente, de acuerdo con sus creencias, costumbres y tradiciones. La muerte es un evento con el que nos relacionamos a diario, aparece en las noticias cada día y, a medida que nos hacemos mayores, la encontramos en la ausencia de personas que conocemos y queremos.

Aunque la muerte pone fin a la vida, no podemos hablar de ella como un proceso más de la misma, ya que envuelve factores importantes para la vida que no pueden traducirse simplemente en su final. En este sentido, morir nos da miedo no solo porque dejamos de existir, sino porque suma la incertidumbre de qué sucederá con nuestro entorno y genera miedo a lo desconocidoA su vez, el miedo a la muerte suele ir de la mano de otros temores, como el miedo a al dolor y al sufrimiento.

¿Por qué se produce el miedo a la muerte?

Cuando el miedo a la muerte da el salto del simple temor a un estado condicionado por pensamientos distorsionados, obsesivos y rumiantes capaz de generar situaciones de pánico, aparecen las fobias a la muerte. Y hablo de fobias en plural, porque el miedo a la muerte da origen a la tanatofobia y a la necrofobia.

La tanatofobia es el miedo irracional que se relaciona con el propio hecho de morir, es decir, el miedo a que moriremos algún día. Es decir, se trata de un rechazo a la idea de morir, al fin de la existencia humana y se acompaña de un estado de angustia extremo que cobra mayor intensidad cuando percibimos riesgos ciertos de que la vida toque a su final. Y no solo ocurre con enfermedades con riesgo cierto de muerte, sino también con enfermedades leves o de carácter psicosomático.

La tanatofobia es la fobia a la muerte más común y se puede acompañar de ataques de pánico recurrentes, en ocasiones, en los casos más severos, vivir a diario con la idea de poder morir en cualquier momento, lleva a conductas de paranoia.

Por otro lado,  existe el miedo a la muerte propiamente dicha, es decir, con todo lo relacionado con el fin de la vida en general y lo que recuerde este final, como por ejemplo los cementerios, los cadáveres, los fantasmas, etc., a este fobia se la conoce como necrofobia. La causa más frecuente de esta fobia son los traumas, especialmente los ocurridos en edades tempranas, donde se pierden figuras de apego y para las cuales no se está preparados.

Conflictos y trastornos relacionados con el miedo a la muerte.

Sea cual sea el tipo de miedo o de fobia que una persona pueda sentir o experimentar hacia la muerte, el producto resultante de esta emoción y pensamientos intrusivos está altamente relacionado a la aparición de trastornos obsesivos compulsivos (TOC), que hacen que la persona viva en una intranquilidad constante por pensar casi a cada instante que cualquier cosa podría ocasionarle la pérdida de la vida. Como consecuencia de esta forma de contemplar la vida, estas personas tienen especial cuidado de no enfermar o de no practicar cualquier actividad que les pueda parecer mínimamente "peligrosa", como conducir o subirse a un avión.

En el mismo sentido, el miedo a la muerte despierta señales de hipocondría o Trastorno de Ansiedad por enfermedad, que es una enfermedad que se basa ene un miedo excesivo e irracional a padecer enfermedades físicas o mentales. Además, suelen cursar con este miedo fóbico otras enfermedades de carácter psicosomático que suelen ser un gran impedimento para tener una vida normal.

El miedo a la muerte crea niveles de ansiedad altamente estresantes, que eventualmente llevan a la persona a imaginar que va a morir o que está muriendo. En los casos más extremos, los individuos con miedo patológico a la muerte pueden llegar a resignarse hasta el punto de que realmente no les importa vivir, y como salida desesperada recurren a intentos de suicidio por ese miedo a morir que genera un estado de ánimo cargado de depresión y estrés.

La psicoterapia para superar el miedo a la muerte.

Tener miedo a morir no es algo dañino por sí, ya que es bastante racional tener este miedo, especialmente si se realizan actividades que entrañen algún tipo de peligro. Pero, cuando el miedo es irracional e invade todos los espacios de nuestra vida, llegando a ser incapacitarne en algunos casos. Cuando esto ocurre es, probablemente, el momento propicio para recibir ayuda psicológica.
Esta ayuda viene de la mano de varias alternativas de terapias psicológicas, por un lado, la evidencia de eficacia de la terapia cognitivo-conductual es una de las mejores maneras de afrontar el miedo a la muerte, a través de ésta, la persona llega a exteriorizar los motivos por los cuales se siente invadido por ese temor. Esta psicoterapia se complementa en el apoyo de técnicas de relajación, que ayudan a bajar los niveles de ansiedad, reducir la angustia y evitar los ataques de pánico. En ocasiones, los grupos de apoyo resultan eficaces para abordar este trastorno.

Consejos para superar el miedo a la muerte.

El miedo a la muerte es una condición normal y muy común. Todas las personas piensan periódicamente en cómo podría llegar a ser ese momento. El problema es que un gran número de individuos convierte ese temor en un miedo paralizante e incapacitante; básicamente, en una fobia. Si no quieres formar parte de ese grupo, lo primero que debes hacer es cobrar consciencia de que todos esos pensamientos en relación a la muerte son totalmente normales, y que en nada deberían afectar el desarrollo pleno de nuestro día a día.

En este punto, lo ideal es hacer todo lo posible por dejar de prestar atención a todos esos pensamientos fatalistas, que nos impiden disfrutar de la vida, y comenzar más bien a darle la importancia que merecen aquellas ideas con las que nos sentimos plenamente bien y felices. Por ejemplo, ¿por qué evitar hacer un largo viaje por aire para ver a algún familiar que queremos visitar, tan solo por tener la seguridad de que el avión se va a estrellar? ¿No es mejor pensar en lo bien que será volver a ver a esa persona, a pesar del temor que sintamos por volar? Además, viajar en avión es incluso más seguro que conducir largas distancias por carretera.

En este sentido, si tanto miedo le tenemos a morir, entonces también debemos hacer todo lo posible por cuidar nuestra salud. No es lógico que sintamos temor por la muerte pero tengamos algún hábito de consumo poco saludable, como pudieran ser las bebidas alcohólicas o los cigarrillos. Lo ideal es eliminar cualquier actividad que realmente represente un factor de riesgo para nuestra vida, así como actuar con prudencia ante situaciones de verdadero peligro. Estas prevenciones ante riesgos reales ayudaran a disminuir ese miedo.

Por otra parte, también es importante estar conscientes de que la muerte tan solo es otro proceso de la vida misma, entonces, ¿por qué gastar tantas energías y dedicar tanto esfuerzo mental a algo que apenas dura un instante? Pasa más tiempo disfrutando todo lo que haces, comparte con amigos y familiares, realiza viajes a lugares que nunca hayas visitado; cualquier actividad que cause algún grado de satisfacción te ayudará a enfocar tus emociones en darle más importancia a lo que estás viviendo, en lugar de pensar en lo que ocurrirá cuando ya no estés en este mundo.

A fin de cuentas, la muerte es lo único seguro que tiene la vida, así que, ¿por qué temerle? Es mejor disfrutar la vida plenamente mientras la muerte llega, y esta decisión debe ser tomada antes de que sea tarde y no quede tiempo de nada; si bien es cierto que algún día nos vamos a morir, más cierto es que el resto de los días, vamos a vivir.






sábado, 18 de mayo de 2024

El diario terapéutico: reflexiones que sanan

Qué es un diario terapéutico.

Un diario terapéutico es un cuaderno de apoyo emocional que se sustenta en las reflexión racional de acontecimientos personales. Se trata de una herramienta de gran importancia, que tiene la propiedad de favorecer el aumento de la autoestima, mejora la capacidad para relacionarnos e incremente nuestra capacidad de «darnos cuenta» de lo que nos pasa, de lo que vivimos, de lo que pensamos y de lo que sentimos. El diario es una ocupación importante en el manejo de nuestras emociones y procesos mentales.

Llevar un diario, ya sea escrito u oral (en audio), nos permite mantener vivos los recuerdos y contribuye a nuestra salud mental. Para quienes cuidan de un miembro de la familia, proporciona un tiempo y espacio para estar consigo mismo en un estado de autorreflexión. No necesitamos ser escritores ni redactores para beneficiarnos de los efectos físicos y mentales que resultan de llevar un diario.

Beneficios del diario terapéutico.

Llevar un diario terapéutico, ya sea escrito u oral (en audio), permite mantener presentes aquellos recuerdos o acontecimientos sobre los que es necesario realizar cambios o modificaciones para mejorar nuestro bienestar psicológico y emocional.

Te ayuda a autoevaluarte. Te hace darte cuenta de aquello que has de aceptar y aquello que debes cambiar. Aclara las ideas en situaciones difíciles. Mediante la escritura, identificas el significado e impacto de eventos que afectan tu vida.

Te ayuda a desplazar la ira y el resentimiento, ayudándote a encontrar un lugar emocional más calmado.

Proporciona un espacio necesario para la reflexión, dentro de las rutinas y responsabilidades a las que nos enfrentamos a diario y que, en ocasiones se vuelven complejas y ansiosas.

El El diario terapéutico es una formidable herramienta de crecimiento personal.

Técnica del diario terapéutico.

Consiste en llevar consigo un cuaderno (una grabadora de voz si se prefiere, aunque yo recomiendo papel y bolígrafo) e ir escribiendo diferentes etapas o factores cada vez que percibes una emoción relativamente intensa, una situación que produce ansiedad, una perspectiva que crea incertidumbre.

Hay que estar muy atento a lo que nos ocurre. Podemos recoger la reflexión sobre lo que nos pasa, tanto en el momento en que se está produciendo el hecho, el pensamiento, la impresión o la sensación que nos perturba, o hacerlo poco después, cuando aún tienes esas emociones «revoloteando» en tu cabeza y en tu cuerpo.

Conviene tener una guía o un proceso que recoja etapas. Yo te voy a recomendar que en tu diario terapéutico recojas los siguientes niveles:

Situación

Lo que ha ocurrido y ha provocado la emoción. Cuanto más detalles se escriban ( o graben) y más objetiva sea la descripción, mucho mejor.

Pensamientos

Los pensamientos que se tienen ante lo ocurrido. Que te pasó por la cabeza, qué no pudiste evitar pensar.

Sensaciones físicas

Muy importantes es, también, reflejar las percepciones. Cuando más específicos se sea más útil será luego la información para volver a detectar las emociones vividas y poder analizarlas.

Emoción

La emoción o emociones que sentiste. Aquí hay que poner todos los sentidos para ver si hay alguna emoción escondida, difícil de definir. Intenta indagar dentro de ti.

Llevar un diario terapéutico ( en general como parte de la psicoterapia) ofrece la oportunidad de aclarar valores. Permite reconocer aspectos de tu personalidad que tal vez te sean desconocidos, o descubrir tus destrezas y fortalezas.

miércoles, 8 de mayo de 2024

De amantes a distantes

 

«El amor nunca tiene una muerte natural”

Todo socio en una relación tiene diferencias. En las relaciones de pareja pasa de igual manera. La forma en que se expresan y resuelven esas diferencias predeciran el rumbo de esa relación. Si saben cómo, cuándo y porqué surgen sus conflictos y desarrollan herramientas para resolverlos, la relación prosperará. Si predomina el desconcierto, la desconfianza y el caos, se enconará una relación conflictiva. En algunos casos la deriva llevará a un derramamiento de sangre emocional.

Suele ocurrir que, cuando aparecen por consulta buscando asesoramiento a su conflicto emocional y convivencial, la pareja ya se ha batido en numerosas batallas desalentadoras y frustrantes. En la interacción terapéutica nos los encontramos con las energías agotadas, con sentimientos de abandono, en casos al filo de lo imposible de recuperar, asolados y destruidos. Personas que se amaron, se presentan con gran sufrimiento interior, a la defensiva, protegiéndose de nuevos ataques de su “amado enemigo”.

Entre personas que se han amado y hasta concebido su relación en eterna compatibilidad, la fe en la relación tiende a minimizar los conflictos maximizando la armonía, especialmente en los primeros momentos o años de la relación. Las diferencias, que se convierten en disputas más serias generalmente comienzan con suavidad y despreocupación por tomarse tiempo para identificarlas y entenderlas. Explorar las diferencias individuales siempre es la mejor manera de alcanzar equilibrio en la compatibilidad y mantener su capacidad de regeneración.



Cuando amamos operamos con generosidad y un deseo primordial de hacer feliz a la otra persona. Con el paso del tiempo no es inhabitual, sino más bien todo lo contrario, que nos encontremos que estamos pensando más en nosotros mismos que en la otra persona. Si nuestros intereses, necesidades y crisis las asociamos a la frustración de expectativas depositadas en nuestra pareja, el conflicto es ineludible y el agotamiento de recursos para resolverlos inevitable.

No obstante, si somos conscientes de las diferencias que existen en la relación cuando aún estamos en esa fase de sentirnos completamente comprometidos con la relación, evitar confrontaciones será más sencillo, y, cuando no, si la pareja busca asesoramiento sobre sus problemas, las intervenciones terapéuticas serán más útiles, especialmente en cuanto a adquirir mejores habilidades de negociación para no lastimarse mutuamente.

El momento que les acabo de comentar es crucial. A medida que las diferencias se convierten en escaramuzas y disputas frecuentes, la pareja se vuelve menos interesada en descubrir formas innovadoras de transformar positivamente la relación y se centran más en lo que está mal con el socio/a. La desconfianza pasa del acecho al hecho. Con terapia aún existen posibilidades de cambios sobre el miedo, el dolor o la decepción instalada en la relación, al menos en algunos casos en los que existe voluntad sincera de escuchar.

Créanme lo triste que es tener delante dos personas que se amaron y en ese momento parecen casi alérgicos el uno al otro. Una expresión, un sonido particular, un cambio de postura ya es suficiente para que se produzca un conflicto entre ellos. Curiosamente es la etapa en que la mayoría de las parejas acude a terapia. Una etapa de trauma perturbador, de trayectoria de divorcio. Alguna esperanza queda si existen aún puntos de conexión y verdadera motivación para resolver cosas. Es un momento frágil, donde la intervención terapéutica servirá, sobre todo, para evitar  la persecución sin compasión ni cuidado, la voluntad de lastimarse y las acciones indiferentemente destructivas.

Cómo funciona el cerebro de una persona mentirosa.

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